Despertar en una alcantarilla con los párpados livianos, la sangre roja danzando en la noche, atormentada de seres extraños. El corazón arrodillado ante las palabras como el silencio que no puede correr. El silencio maltratado de los cuerpos.
A ver si alguien entiende de una vez que no quiero que ese perro me persiga por un instante de luz con sus uñas desgarradas, hambrientas de amor. Rondándome como un perro-fantasma en una ciudad que es un monumento a la repetición estúpida de cerebros incrustados en una casilla con hambre de otras telarañas más que el propio espejo. Pero telarañas. Seres mirándose la palma de sus manos, golpeándose la frente con sus venas perdidas en la nada y su forma inerte de multitud. Tan pelotudos todos, que de vez en cuando miran el cielo buscando más allá, más acá. Mas allá. Mas acá..más..¿allá?, acá. ....-. Y el alma tan limitada a escaparse por un caño de escape; o apurarse para llegar al hogar.
Todavía no sabe si es un sueño o no. Pero sabe la respuesta a su pregunta. Sabe que nadie quisiera regresar al viejo rumor de la luna.
Abre la puerta y se cobija. Se siente tan estúpida leyendo solitaria en las agujas que todas las soledades son en el fondo una.
Y quisiera acuchillar con tantas fuerzas al inventor de los putos números. Cree que no se arrepentiría. Nada de castraciones. ¿Pero a quién? Cada vez está más sola. Se le caen los brazos y no puede reírse de lo imprescindible del techo y las columnas, luces , cables, canillas, baldosas encastradas, camas, muebles, mierda. Poste.
¿Y el amor? Los brazos a esta altura le pesan como muertes. Quisiera reírse a carcajadas antes de que llegue la noche y la verdadera urgencia se desnude brutalmente. Violenta.
Cuánto daría la poseída y abusada por regodearse en el menefregismo al menos hoy. Pero no. No puede. Entonces apaga la luz y se va a dormir. Ve líneas y formas. Ve un cuadrado muy cuadrado. Cuadradísimo. Y empieza a dolerle la piedra. Se siente dolorida, cansada de mirar. Vuelve a leer solitaria que en el fondo todas las soledades son una. A veces también a la misma hora.
Y no sabe de que lado dormir. De qué costado olvidar.
Se pone dibujar cuerpos en la oscuridad. Hasta que la tierra se le va de los párpados y canta en silencio una canción hasta dormise. Pero luego se despierta y se acuerda de los taparrabos y dibuja a la puta madre que los parió. La dibuja furiosa, conoce perfectamente su rostro. Escarba en su figura, le presiona las costillas. Pero esa mujer grita desesperada, sus ojos gritan dormidos. Tampoco ella tiene la culpa.
Dibuja la paz, la paz es un escarabajo.
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Se duerme.