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Se te encienden los ojos, brillan como el mar. Estás tan cerca de mi locura. Estás tan quieto y enceguecido, muy en el fondo tus cristales están rotos, los colores te bailan sin promesas,
las luces te dibujan en cada espacio. Cada sueño entre la tierra te muerde las orejas, te hace vibrar. Cómo es que no he sabido que tu manto me cubría en cada esquina, en cada árbol
que no extiende su verde. Es el destino de los cuerpos, los rostros fríos de mármol o hermosos vientos. Cada alma traza una luz infinita entre los cielos postergados. Pero me quedo en tus ojos, tus ojos levitando en cada pulso.