sábado, 16 de agosto de 2008

La nubes parecen
un colchon de fuego,
la fiebre de la tarde está pintada.


La soledad me pega en la cara
como una cachetada de mosquito.

Detrás del vidrio
del auto, el mar
es ruidoso y esquelético.


Los perros corren por la orilla del mar
como pájaros sin alas.


Lentamente camino,
las piedras y los caracoles
me conmueven más que las olas.



La inmensidad parece una mancha de mi lente.


Necesito algo real,
entonces comienzo a adorar
la tierra que entra en mis zapatos
y se mueve en ellos
como un reloj de arena.

Hay un hombre perdido alucinado con su caña de pescar,
no sabé qué mar está succionando.

Lo miro, y soy
su finita caña humana,
también estoy hecha
para asomarme tímidamente al fondo
y aspirar otra vida
ciegamente


soy como el amor.


No hay gente en la playa. Hay basura.
Algunos papeles mojados en la orilla.

Una piedra gigante es un cachorro abandonado
Que quiero levantar y llevarme al patio de mi casa.


¡Pero que pesada que es!


Un pajarito o pajarita
viene a buscar su sombra a la tierra,
cerquita de mis pies.

Mira y no encuentra. Mira y no encuentra.

Entonces vuelve a agitar
Su sexo desconocido en el viento.


Quiero ser tan libre, así.


La tarde se va desmayando,
y se aferra a mis pies.


Finalmente se cae,
y la pierdo para siempre.